He leído en un artículo de periódico que Rafa Nadal solo estaba brillante en su juego en el 40% de sus partidos. En el 60% restante, este jugador de tenis, tiraba de oficio, de saber estar, de aguantar, más que de jugadas maestras. Y así, ha ido ganando todo lo que ha ganado, más sacrificio que arte tenístico, más coraje que técnica, más ir sobrellevando su juego que lucirse en la cancha. Así nos pasa en nuestro trabajo: vale más saber sufrir que realizar las cosas con una visión muy profesional. Es lo que me pasaba a mí con las clases: a veces había que aguantar como fuera hasta que tocaba el timbre, tal era la situación que había en el aula. Mantener entretenidos a los alumnos con un tema era fundamental, daba igual casi el tema, era simplemente mantenerlos atentos a lo que decía yo durante una hora. Ya habría tiempo de lucirme con algún tema que yo dominara más. Los trabajos son pundonor, son maneras de vivir o sobrevivir a los horarios y a la clientela, que una vez te lo pondrá fácil y otras veces, al revés. Por eso hay que tirar de escuela, de oficio y salir airoso de muchas situaciones que no querríamos.
Lo profesional:
eso que está tan sobrevalorado y que vale menos que el aguante.
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