lunes, 3 de marzo de 2025

 Esta mujer iba bien atenta al empedrado porque no quería caerse, caerte es lo peor que te puede pasar. Así que cuando yo la llamaba y le decía adiós, no alzaba la vista y seguía con la mirada fija en el suelo, pendiente al peligro de tropezar. He leído que en Japón, las mujeres ancianas roban en los supermercados para ir a la cárcel y allí, conversar con otras reclusas que también han cometido robos. En la cárcel están mejor que en sus casas, todo el día solas. Los ancianos están solos, aunque las entidades procuran hacer cosas para que no lo estén. Los ancianos están solos y pobres. Los ancianos son vulnerables porque si se caen, no se pueden ya levantar. Pero parece ser que no estamos solos, que estamos rodeados de ciudadanos, de samaritanos, de personal de orden público, de otros ancianos.

Demos compañía a los ancianos.

Es lo que querríamos cuando lo seamos nosotros.

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