La sombra hostil que surge de la calle me amontona en casa, me asusta por su triste recorrido. No hay en todo el mundo caso como el mío: me levanto y no sé que me levanto. Voy andando por la casa como quien anda sin saber qué es la vida. Se me rompe el pijama, se me rompe la mañana, se me rompe la voluntad de ser quien soy. Y no puedo decir qué feliz soy de no hacer nada porque no hacer nada es un problema. Desayuno de cara a la pared de la cocina. Demuestro que soy frágil por el espacio que recorro. Y no recorro más que un límite, unos pocos metros que ya cansan. Y me doy de bruces con mis pasos y alojo en mis piernas dos kilómetros para pasar esta tarde, para pasar todo el día, para pasar por este mundo. Y el mundo mío me dice, advirtiéndome, que pasar el día no es un objetivo muy loable.
Bebo café con leche.
Ando por casa, escribo, pero no trasciendo lo que vivo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario