viernes, 9 de mayo de 2025

 Sube y baja mi nostalgia de las carreteras, de las charlas al volante, de hacer mangas y capirotes mientras nos acercábamos a destino. Y, en el destino, seguir hablando de cosas que oxigenaban el cerebro de los dos. Todo aquello, por distintas circunstancias, ya no existe. Yo rezo un padrenuestro para que las tinieblas no vuelvan. Con eso me conformo. La gente, en verano, sale en masa a las azuladas playas que están muy calientes, muy apretadas de sombrillas y toallas. Van todos en tropel por las carreteras, las llenan, producen una trombosis en el asfalto. Otro verano en tierra, horadando el calor, poniendo una vela a la virgen si me acerco por la iglesia.

Dudar lo justo es bueno

para encontrar alguna respuesta de los humanos y de Dios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario