A veces, en esas madrugadas que parecen un gorrión despavorido, yo bajaba la cuesta alegre por dentro hasta que me encontraba con mi pobre fantasma. Hoy lo recuerdo y me parecen horas desaprovechadas. Yo podría haber recorrido un poco el mundo o el territorio nacional si me hubieran dejado. Sonaban los números en los cajeros antiguos mientras la gramática me acompañaba por recintos de adolescentes agrupados: 3º A, 4º C, etcétera. Y lo daba todo por bueno si me encontraba al lugareño o al dominguero de antaño y charlaba con él en el bar frente a una coca cola. Y así pasaron los años y no recorrí ni una sola carretera. León, Sepúlveda, Burgos o Palencia estuvieron lejos, muy lejos de aquellos pies que no viajaban, que no se acercaban al límite de la vida.
Yo andaba por los barrios de Madrid:
al sur, al norte y a Alcalá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario