La noche nos empuja a ciertos bares o a las habitaciones donde viven hombres en pijama. La luz ya se ha ido y nos acostamos. La luz ya se ha ido y hemos muerto un día más. La luz ya no está y las farolas recobran un sentido y una importancia que de día no ostentaban. Las noches se nos van en sueños en que mi hermano me intenta matar con una espada. Luego despierto y me encuentro mal, quiero dar una patada al cielo y no me sale. Las lunas van marcando la noche con una luz territorial muy fuerte, muy de señorita sola y guapa. Y los días van asustando al fuego, a la lluvia, a la tierra y al aire que corre estos días por mi alcoba.
Los días pasan, se van, nos dejan un muerto muy bien vestido.
Y los padres de familia están con los ojos muy abiertos, muy abiertos.
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