A mi casa nadie viene. Este es el hecho. No sé a qué se debe. Las cortinas que no tengo tapan la habitación del exterior. Hace demasiado fresco para ser mayo. Las lunas se siguieron unas a otras como yeguas de carreras. Me debéis lo que he escrito: una invitación a café con churros. Ya era hora de que se sacara la mano del bolsillo. Estuvo bien lo de Gredos, salió muy barato pero a mí me hubiera gustado que hubiera salido mucho más caro. Yo el dinero no lo quiero para nada. Hoy comemos fuera. La vida ya ha cogido el raíl de lo cotidiano: prensa escrita, dolor en el costado y ya nos podemos morir.
Hay gente que se aprovecha de los demás
y no se saca las perras para invitar nunca.
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