Tanto como el que se va y no vuelve como el divorciado, emprenden una vida nueva, quizás más solitaria, añorando la presencias de antes. Las parejas que perduran en el tiempo tienen un mérito y un cariño envuelto en el amor de sus hijos. Pero los tiempos de hoy en día promueven la independencia del individuo y eso hace que la gente vaya cada uno por su lado. Yo conocí un señor que se divorció muy tarde y se fue a vivir a Santo Domingo. La vida es muy curiosa en esto de los encariñamientos y no se sabe nunca si van a fallar. Felipe González se separó de su mujer ya bastante mayor. Ya digo, en esta sociedad se premia la soledad del independiente más que la vida sometida a una amorosa unión.
La vida es muy caprichosa:
te da, te quita, te hace vivir distinto en cuestión de meses o años.
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