jueves, 1 de mayo de 2025

 Son las cuatro de la tarde. No puede haber mayor inmovilismo en la calle. La gente no sale de casa, como hago yo, como hace quizás Dios, que está harto de darse paseos por la Tierra y encontrarla cada vez más rara. Un día va a mandar una plaga definitiva y nos borrará del mapa por no vernos más a estos seres que poblamos el globo. La gente es muy extraña; los gobernantes, aún más. Los gobernantes creen en una idea y nos la quieren meter a martillazos en la cabeza y en el cuerpo, a base de decretazos, leyes ortopédicas, multas astronómicas. Los gobernantes no se sabe de dónde salen. Para uno bueno que sale, como Gandhi o Mandela, salen dos mil pirados que montan dictaduras o democracias estrafalarias. Como la idea de las renovables. O lo trans. O lo de todes. O la invasión de Ucrania. O cualquier otra gilipollez. Habría que salir a la calle.

Gobernantes dementes:

si solo hubiera uno, qué bien.

No hay comentarios:

Publicar un comentario