lunes, 12 de mayo de 2025

El hombre moderno de ordenadores y quinielas y sabáticos encuentros con el mar pasa junto a mí y me dice a la vista que no es hombre leído. Es una pena. Hablar de libros es bonito. Otros hablan de novelas interminables de hombres y mujeres que se juntan y desjuntan siete veces a la semana. La televisión es desmesurada. La lectura es al revés: va despacio, con párrafos lentos y diálogos y descripciones muy bonitas de lugares, de tiempos pasados o presentes. Hay que leer. No queda otra. Para que se nos quite la pelusilla de ignorantes de encima. Para disfrutar del idioma. No sé, hay mucho que aprender de los libros, eso es de lo que me doy cuenta cuando leo.

Los libros nos dan una imagen del mundo.

Y, a la vez, nosotros construimos esa imagen.

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