Yo tenía unas alas en tiempo de alegría que me llevaban muy lejos. Iba yo a otros mundos en este mismo mundo. Ya fuera siendo yo un aprendiz de escritor, ya siendo amigo de las abejas, ya viendo volar al milano. Y me iba bien las noches aquellas de andar bailando. Luego vino lo moderno y artificial. Y ya no entendí nada. Las alas se me rompieron en el pecho de la mujer, en la curva de la carretera que me llevaba al pueblo y el pueblo fue muriendo. Yo no conducía y no podía ir muy lejos. La vida se apagaba como una cerilla anémica. Menudo rollo este de andar de aquí para allá sin ningún sentido. Ya digo: se rompieron las alas, se rompió la magia. Cumplí 50. La cuesta abajo se hizo muy cuesta abajo.
Dormir, soñar, vivir.
Al final, siempre vivir.
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