lunes, 5 de mayo de 2025

 Era un presidente de la nación que estaba loco. No loco de sufrir alucinaciones auditivas y visuales y delirios sino que tenía una locura aceptada por sus gobernados. Tenía ansia de poder, el poder le atraía como un imán, como un droga muy fuerte. Y quería estar en el poder justo hasta que tuviera que ingresar en una residencia. Así que hizo y deshizo en esa democracia que había en la nación, quitó jueces y puso jueces, no pasó las leyes por el parlamento, se vendió a los ultras de izquierdas y a los ultras regionalistas, hizo caso omiso de la corrupción de su gobierno, adelantó elecciones solo cuando le convino, etcétera. Y, efectivamente, pasó de gobernante a anciano e ingresó en una residencia y la residencia tuvo que cerrar porque en ella no había Dios que le aguantara.

Gobernantes locos y ancianos:

vaya lata.

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