Y como hay que escribir de cosas positivas, escribiré de las rosas que florecen ahora en invierno y de las aceras receptivas de gentes humildes que transitan sin ningún orgullo aparente pero que son la base de la nación. Y escribiré sobre el azul del cielo tan limpio y el horizonte que se ve allá, Guadarrama por siempre jamás. Y escribiré muy lentamente de esos niños agraciados con su temprana edad porque tienen muchas posibilidades de asombro y el asombro los hará grandes y fuertes para la vida que les viene. Y escribiré de esta mañana fría y los juguetes y los padres y los roscones que en su círculo mágico atrapan el sabor y la alegría de este día.
martes, 6 de enero de 2026
Y como me he propuesto escribir cosas positivas, cosas de un humor rosita y alegre, voy a escribir de la calle que pasa por donde yo vivo, a ver si sale algo alegre. La calle donde yo vivo es larga y llena de coches aparcados que buscan una ilusión. Numerosos conductores aparcan en esta calle que digo y salen en una dirección tumultuosa de deseos, llena de emociones por vivir. Y las viven pues los que andan a pie por esta calle, van hablando de cosas del futuro como la reunión de la familia, como del padre en una residencia, como los nietos y los amigos y los abuelos y los pasteles y los besos que se dan tan dulcemente en la mañana. Y por eso mi calle es especial porque los que aparcan se quieren, se abrazan en los hospitales, se quieren unos a otros o mueren.
Para ser feliz, me podría dar una vuelta por Madrid y ver a esos guiris constantes o esos dandis trajeados o esos snobs vestidos de mil maneras. Vería yo mujeres muy guapas luciendo sus piernas y otros adornos que la naturaleza ha creado para ellas, para las mujeres guapas. Y vería, claro está, las estupendas fachadas que rompen contra el cielo mientras me bebiera una cerveza en una terraza de esas que tanto abundan en la capital. Y pasearía por calles donde vivieron los escritores más afamados de la patria. Y llegaría a una plaza o a una placita o a un parque de árboles añosos y lo pasaría bien, lo pasaría bien porque todo sería nuevo a mis ojos. Y sería como un regalo ir en el autobús viendo a la gente cómo va que va al mismo sitio que yo adonde tiene lugar la sorpresa y la emoción.
Quiero escribir yo algo de eso que llaman positivo, algo que me levante el ánimo para poder pasar el día ya alegre desde por la mañana. Y escribiré no sobre los reyes magos pues ya se han dicho muchas cosas en la radio y televisión y en las misas y en los conciertos y en los museos y en la calle misma y en las redes sociales al respecto. Hay que sufrir la vida para valorarla. Hay que no tener nada para tener algo. Pero la gente contenta no sabe de esas paradojas vitales que nombro, la gente vital vive la vida con una sonrisa en los labios desde que se levanta. La gente vital y lúcida y extraordinaria nos asombra con su buen humor. Y ya se sabe que el buen humor es pegadizo. Vivan las personas vitales y alegres y que se me pegue algo de ellas.
lunes, 5 de enero de 2026
No me gusta este mundo al que asisto, al que debo la vida pues todos nacemos en un tiempo y es el que es, no queda otra que aceptarlo. No me gusta esa competitividad que se azuza a los niños ya desde pequeños, esa lucha en la que solo sobresale uno y los demás se quedan atrás, desconocidos. No me gusta el materialismo que hay entre las personas, de modo que solo teniendo cosas parece que vamos prosperando, cuando no se cultiva la lectura, la sabiduría, el saber. La vida de hoy en día orbita alrededor del trabajo, del dinero, de las cosas y no de la fantasía de ser alguien espiritualmente rico. No se fomenta el trato amable, el gusto por la cultura, el amor al prójimo. Todo es ganar mucho dinero para traducirlo en cosas, cosas que al final, pasan de moda, se rompen, favorecen poco la comunicación. Me gustaría que en este mundo la amistad y la familia triunfaran sobre todas las cosas y llegaran a buen puerto.
Hay un lugar para poder llorar a gusto en esta vida. Ese lugar no está definido en los mapas. Se llora al pie del corazón. En cualquier sitio, al lado del corazón, se puede llorar. Es un sitio de soledad, de vulnerable aislamiento. Cuando la catástrofe asoma, el corazón se prepara para albergar a un hombre o mujer que llora. Se pone esa persona muy quieta y muy llena de pena y llora. Siempre junto al corazón. Y hay muchos motivos hoy en día para llorar pues el ser humano se ha vuelto muy animal, muy ausente del prójimo. Cada uno va a lo suyo en esta vida fuera del útero materno. No se le ponen al ser humano las cosas fáciles de vivir. Todo es enemigo fuera de ese ser humano que lucha y nunca para de luchar. Nos enseñan a apartar la vista y también a morder, como a los perros. Se nos enseña a ser egoístas y a no mirar a los ojos al de al lado y eso fomenta que uno llore pegadito al corazón. Ojalá cambie el mundo y no tengamos que ser siempre enemigos entre nosotros.
Me he levantado, ni triste ni alegre. Me he tomado las pastillas. He bebido un vaso de café con leche y me he sentado a fumar un cigarrillo frente al ventanal del comedor. He visto pasar a un mecánico de un taller cercano, a una señora con el carrito lleno y a un joven alto no sé si en edad escolar o más mayor. La gente importa. Importa que la gente esté contenta con la vida. No sabemos de qué depende que la gente esté feliz, pero debe estar feliz para que la nación progrese. El verdadero progresismo es ese: que la gente tenga fe en un futuro apoyándose en el presente del día a día. A mí los progresistas ideológicos no me convencen. Me convencen aquellos que no mienten, que no arman líos para seguir en el poder a toda costa. Los progres existen para complicarnos la vida, no para dilucidar el presente que va hacia el futuro.
domingo, 4 de enero de 2026
Los malentendidos, cuanto más duran, peor. Es mejor llamar por teléfono antes de que el malentendido se convierta en aversión entre las dos partes. Y se llama y se dice: mira, que yo creo que voy a hacer esto porque es lo que me conviene y lo que deseo y por lo que he luchado. Y el otro puede decir su versión de los hechos pero ya se ha establecido un movimiento positivo hacia lo que uno piensa y ha hecho en la cuestión que se dirimía. Y así ya uno ha expresado su interés propio aunque sea un interés muy diferente de el del otro. Y si lo ha expresado con claridad y con la pasión propia del que lleva la razón, mucho mejor. Así, cada uno, después de expresar libremente su parecer ante los intereses que había, se posiciona y da lugar a un entendimiento que antes no existía.
A veces uno se levanta tristón, apabullado por la mañana. La luz que viene por la ventana no le urge a la acción, al desarrollo de las ideas, a escribir algún texto sustancioso. Y entonces, lo que uno hace es dejarse llevar por el día que ya está más o menos alto en el cielo y también dejar que la melancolía guíe las horas. Fuma uno unos cigarrillos con la sensación de que el tabaco le levanta el ánimo. Luego, pasea por la casa y sale a la calle y lo que ve en la calle no aumenta su alegría. Porque lo que pasa en la calle carece de entrañabilidad, de pasión por la vida. La calle es absurda también esta mañana. No tiene la calle el poder de cambiar el tono vital. Y entonces, uno ya se da por vencido y acepta la tristeza hasta el fondo y bebe agua y vuelve a fumar y así todo.
Pasan cosas en el mundo que nos llenan de admiración y sorpresa. No hay que admirarse tanto. La historia del mundo está llena de sucesos que parecían imposibles. La revolución francesa y después, Napoleón, asombraron a Europa por décadas. Lo que hay que hacer es seguir el hilo de los acontecimientos a ver en qué para la cosa. No creo que sea difícil recomponer la historia como hizo el ser humano tras procesos como la revolución industrial, el colonialismo, el socialismo y otros movimientos históricos que llevaron a la humanidad a otra dimensión que parecía inaudita. Somos democracia y la democracia es a lo que aspiran muchos países en los que reina el desorden o el caos o la delincuencia. Lo que ha pasado en Venezuela esperemos que sea para bien del país como reclaman muchos que tuvieron que salir de él. La democracia es deseable. La democracia es practicable. Ojalá salga todo bien.
sábado, 3 de enero de 2026
Es difícil aceptar nuestras vidas. Nos venden el oro y el moro y nos ponen ante la vista unas hamacas frente a una playa no diré paradisiaca pero sí. Es difícil que te toque lo de la Once. O lo de la bonoloto. Mientras, vas madrugando, vas poniendo una palabra tras otra a tu existencia, la vas nombrando lentamente. Un día, eres feliz porque no tienes una enfermedad mental y no tomas pastillas que te amuerman. Otro día, parece que sale todo mal y, al día siguiente tienes que arreglar lo que salió mal el día de antes. Por el grifo sale agua que empuja pelillos, inmundicias de tu cuerpo, mucha herida no curada. Todos los días cuecen habas en tu casa. Todos los días chupas algo que aborreces. Faltaba media hora para que pasara el 626.
Ya seas hombre o mujer, te pones los pantalones. Y no sales a la calle. Andas por casa a ver qué solicitud de la mañana te ocupa. Quizás recojas ropa, has desayunado ya rápidamente. El día está turbio por la ventana, de color gris, como los años largos de la dictadura. Escribes una carta a tu madre que vive en Cádiz. No alargas mucho el cuento, solo lo importante. Los bares, a estas horas, están llenos de gente desocupada. Tú no. Tú no eres un desocupado. Mira la niña que ya pide algo. Pasas por el pasillo veloz y ves pelusas. Ya es imposible renunciar al hoy. El hoy está despegando como un avión rumbo a tareas que dicen la nada, que dicen, como la niña, algo.
Somos como náufragos felices que hablamos alto decimos nombres fantasmas colocamos cada hora que pasa yerros que se olvidan cerca de nuestro alma llanto. La historia de nuestros días no alcanza para que nuestra lápida sea interesante. Las playas nos han acogido nos han devuelto a la gracia de los días soleados y después nos escupen los minutos a una habitación sin vistas. No hay nada más allá de la vista, de los ojos que lloran algunas veces. Tómate tu tiempo para decidir qué es lo importante en tu vida y luego, dite a ti mismo cansados himnos de lo que eres y tocas y abarcas con tus manos. Y ya no hay más que la calle, la dura calle de rostros que no lo son por lo desconocido.
La rutina ensombrece el camino diario. Pero parece que ha de existir lo rutinario. Las horas repetidas nos liman las aristas. Lo conocido nos ayuda a no equivocarnos. Así va pasando con cualquiera de nosotros: que si todo fuera nuevo no sabríamos cómo vivirlo. Se suceden las cosas consabidas, lo ya hecho ayer, lo que vendrá mañana. Es la ley del ser humano, animal de costumbres. Si creas tu círculo virtuoso no querrás salir de él, pues en él hay seguridad y buena existencia. La vida se repite en hábitos buenos y horas tranquilas. No temas el eco de los días: ayudan a entender qué hacemos y por qué lo hacemos. Estar con los nuestros trae beneficios; andar a lo loco, trae extraños sucesos.
viernes, 2 de enero de 2026
El que lleva una vida reposada, hace cosas reposadas: leer, escribir, andar, que no correr, y acostarse pronto. Ver la televisión, sin embargo, no entra en esa correlación de cosas porque la televisión muestra la polarización de la sociedad. La televisión pública se ha convertido en un apagafuegos del gobierno tapando delitos. La televisión pública es sectaria, está sesgada al poder. Hoy charlaré con amigos de esto y lo otro, pero sin caer en la discusión. Es lo que hace la gente inteligente. Valen más los amigos que llevar razón. Así que se habla de libros y adiós. Los días amanecen, se yerguen al cielo, decaen por la tarde y mueren. Agradezcamos a Dios la paz en la que vivimos y otras cosas que nos da.