miércoles, 14 de enero de 2026

Resulta que un matrimonio que atendía las mesas del comedor del centro de mayores han alquilado un bar que antes era peruano. Mi hermano y yo, junto con mi padre, habíamos estado yendo a comer al centro de mayores. Como mi padre está en una residencia, mi padre ya no viene a comer. Paco y yo decidimos por navidad probar suerte en la comida de ese matrimonio. Nos ofrecen costillas con patatas y estaban buenas. De la costilla, solo el hueso superior, pero bueno. Luego nos ofrecen secreto o boquerones. Pedimos boquerones. Parecen de chicle. Luego, piña de postre. 12 pavos. No lo vale. No volvemos a ir, decidimos. Los platos vuelan por su ligereza, por su capacidad de espiritualidad culinaria. Los precios son abusivos. No hay quien vaya de menú por la ciudad. Todo escaso, feo y malo.

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