Aquello era un caldo rojo muy sugestivo y bien guisado pero en el que bailaban 6 judiones contados. Me quedé con hambre. No me comí el caldo. Paco sí lo hizo, se comió el caldo abundante donde navegaban los 6 judiones por plato. Al cabo, 15 gramos de judiones. Vinieron las manitas de cerdo, muy feas porque no eran manitas. No entiendo de manitas pero si dicen manitas por algo será. Estas manos habían andado ya muchos metros por la pocilga. Me quedé con mucha hambre y con una sensación en las tripas muy desagradable, muy engañadas se quedaron las tripas ante la escasez y bazofia de lo comido. Nos cobraron 25, 80 de ala, como para salir volando. Nos conjuramos para no volver. Otro engaño fuerte en un menú de un restaurante majariego. Así vamos mal, dijo el comensal abatido y triste. Los platos volaban por lo ligero, por lo alado de su contenido.
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