jueves, 8 de enero de 2026

 He perdido dos amigos ocasionales. El primero era profesor como yo. Lo conocí en un instituto de Majadahonda. Hacíamos una quiniela de fútbol que nunca salía premiada. En el recreo, nos fumábamos un cigarrillo. Pero él nunca habló del instituto, de cómo funcionaba, de los profesores. En ese instituto había un silencio administrativo asqueroso. No había compañerismo alguno. Perdí a este amigo pasado un tiempo, cuando me dijo: espera que te llame yo. El otro amigo lo conocí en la carrera y lo encontré por internet pasados los años. Este amigo trabajaba en un edificio lleno de abogados, en Madrid. Nos veíamos una vez al mes pero le debió parecer mucho vernos una vez al mes y me dijo que estaba muy ocupado con lo del teletrabajo o no sé qué historias. No le he vuelto a ver. Dos amigos ocasionales para los que, como decía Serrat, la amistad para ellos no era lo primero.

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