Como dicen algunos psicólogos humanistas que cuando se escribe de cosas positivas el que escribe se anima y se le sube la moral, esa moral que anda un poco por los suelos. Esa moral que hay que alimentarla de frases iluminadas por cosas bonitas y etéreas como el cielo prometido por Dios si uno anda a bien con sus congéneres y, por lo menos, no hace daño a los demás. Hay que hablar de esa anciana, por ejemplo, que da un ejemplo de entereza cuando va a la compra con su perrita y vuelve a eso de las 3 para preparar la comida. O quizás haya que hablar de ese que ha dejado el alcohol para cuidar a su madre operada hace unos meses de un tumor en el cerebro. O quizás haya que hablar de esos seres humanos que se levantan y aúpan la mañana a niveles humanistas y sinceros como la esperanza de la resurrección.
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