Hay un lugar para poder llorar a gusto en esta vida. Ese lugar no está definido en los mapas. Se llora al pie del corazón. En cualquier sitio, al lado del corazón, se puede llorar. Es un sitio de soledad, de vulnerable aislamiento. Cuando la catástrofe asoma, el corazón se prepara para albergar a un hombre o mujer que llora. Se pone esa persona muy quieta y muy llena de pena y llora. Siempre junto al corazón. Y hay muchos motivos hoy en día para llorar pues el ser humano se ha vuelto muy animal, muy ausente del prójimo. Cada uno va a lo suyo en esta vida fuera del útero materno. No se le ponen al ser humano las cosas fáciles de vivir. Todo es enemigo fuera de ese ser humano que lucha y nunca para de luchar. Nos enseñan a apartar la vista y también a morder, como a los perros. Se nos enseña a ser egoístas y a no mirar a los ojos al de al lado y eso fomenta que uno llore pegadito al corazón. Ojalá cambie el mundo y no tengamos que ser siempre enemigos entre nosotros.
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