domingo, 11 de enero de 2026

 Yo aquí vengo de escuchante o de oyente, dijo el hombre que se apelotonó en la última fila de una aula de la facultad de filología. Y estuvo calentito una hora y media. Luego pasó a un aula de derecho y volvió a decir lo mismo. Y estuvo calentito otra hora y media. ¿Usted se ha matriculado?, le espetó un profesor viejo y lleno de rencilla. Y este hombre dijo: claro que sí. Vio en peligro esa hora y media más calentito hasta la hora de comer. No tengo su ficha, dijo el profesor lleno ya casi de rabia por echar a ese advenedizo. Las clases son públicas y yo no voy a intervenir en absoluto. Tengo derecho a estar aquí de oyente, dijo nuestro hombre. Aquí hay sitio de sobra. Y el profesor no siguió pues el hombre este (que era barbudo y gordo y un poco asqueroso) parecía tener respuesta para todo y ganas de ganar la partida. El hombre se durmió con lo que dijo el profesor y ya en los últimos minutos roncaba. Este hombre era obeso, sucio y un poco sinvergüenza.

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