A lo lejos, la playa. Hoy agotada de frío y turbulencias marinas. Pero haré lo posible por ir allí. El calor todavía no ha hecho su aparición. Lo hará por febrero, no tardando mucho. En febrero, busca la sombra el perro. Marzo vendrá marceando o mayeando, quién sabe. Cualquier día, en junio, me cojo un ave y voy a la playa. Hay que nadar y guardar la ropa. Literal. Solo me iré un par de días. Cuando regrese, me daré un premio a mí mismo: un café con colacao en una pastelería céntrica y exclusiva. La vida se agota tras las ventanas y hoy luce un sol que parece una quimera. Los días de sol deberían estar enmarcados como enmarcados quedan en la ventana abierta. Enmarcados para verlos en pintura en el salón cuando uno esté triste.
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