La ventaja de vivir una vida sencilla es que no necesitas mucho para vivir feliz. Como dice el refrán, el que menos necesita es más sabio que el imbécil de turno que acude mucho a los grandes almacenes. Yo necesito un buen libro para pasar la tarde y parte de la noche. Con 20 euros hago el apaño para más de tres semanas de lectura. Visto ancho y bebo estrecho. No me acuerdo ya de gentes que tampoco se acuerdan de mí, las veo por casualidad y como las vuelva a ver de casualidad, creo que les diré hola y adiós. No me gustan los envidiosos, los creídos, los que viven sin dar cariño a nadie, los que quieren a la gente por su dinero. El materialismo estúpido hace estragos. Los materialistas no creen en nada ni en nadie. Así, se divorcian, se odian, se cabrean cuando les tocas el dinero, aunque sea un dinero que no es suyo, que es robado con al excusa de la confianza.
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