jueves, 8 de enero de 2026

 La amistad, según Cicerón, es más pura que el amor sentimental. Es algo que, cuando se vive de verdad, una amistad honda, como se suele decir, llena mucho el espíritu, mejora la vida de los dos amigos. Por amistad, uno hace verdaderos esfuerzos por ese amor que ha llegado de la casualidad y se ha consolidado en un amor limpio y necesario para los dos amigos. Cuando uno de los dos decide que se rompa esa amistad, demuestra que esa amistad, para él, valía poco. Los proyectos personales de un amigo, valen más que el amigo, valen más que charlar amistosamente en un restaurante cada tiempo. Ese que traiciona una amistad, no sabe muy bien qué está haciendo. Ha roto algo casi sagrado, ha corrompido una querencia amable que el otro ofrecía creyendo que el otro amigo no valía más que su trabajo, que su tiempo. Pero perder un amigo es más que perder un mechero o unas gafas. Perder un amigo duele, duele luego más tarde, cuando se da uno cuenta de que el amigo desperdiciado era un interlocutor muy valioso al que se le ha dado una patada, un adiós, un insulto avieso y feo.

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