A medida que pasa el tiempo, nos van sucediendo accidentes de la vida: los cuerpos empiezan a fallar, las relaciones con los familiares son otras, las fiestas se acaban, damos paso a calamidades de todo tipo. Es duro admitir que ya no somos los de antes. Quizás por ello, necesitamos más de los demás. Y los demás actúan, tapando ese agujero que se ha abierto y lo agradecemos un montón porque uno solo no sabe ni dónde va. De eso trata la familia. De cuando a un miembro de ella le va mal, todos ayudar en lo que se pueda. Y esa ley no está escrita pero se cumple. Y menos mal.
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