sábado, 10 de enero de 2026

 El signo lingüístico tiene dos partes: una parte material, sonora, física. Y otra parte abstracta, ideológica, semántica. Si yo digo "dichoso" en la frase: llegué al pueblo, salí a la plaza y me sentí dichoso. Pues quiere decir feliz, contento. Pero si digo: dichoso niño del demonio. Ahí no quiere decir feliz, sino que hace que el nombre que va detrás de ese adjetivo (dichoso es un adjetivo) sea como maldito o no deseado, odiado. Este adjetivo casi no se usa ya en el lenguaje hablado. Feliz y contento si se usa, pero no dichoso. Y para decir algo odioso, tampoco se usa dichoso o dichosa, sino puto o puta niña. El nivel de expresión, entonces, se ha depauperado. No usamos un término expresivo y locuaz sino un insulto que viene pronto a la cabeza y decimos así: puto niño del demonio.

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