Estaba tan harto de su vida que empezó a orar. Y así oró durante una hora oraciones antiguas de su niñez. Nada le salía bien en su vida así que se tumbó en su mísera cama y entrelazó peticiones a Dios junto con su tristeza de estar en la madre Tierra. El mundo no tenía compasión de él. Le habían echado del trabajo por unas murmuraciones maliciosas. Ahora, no encontraba trabajo pero pensaba en meterse taxista. Eso era muy socorrido, ser taxista. Fue a la parada de taxi a preguntar y había un taxista que quería un conductor. Ya llevaba una semana. Se ganaba dinero. Pero entonces, se puso malo su hijo de una enfermedad rara de esas. Y por eso oraba a Dios, para que le trajera del cielo a la Tierra un poco de paz. Y el hombre, después de orar, se sintió como si hubiera hecho lo correcto. Y se alegró de haber orado. Y su hijo se curó en un mes. Y ya todo le fue bien.
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