La mañana no es callada. Arde la calle, como quieren los políticos de ultra izquierda. Un nieto sisa a su abuelo. No pasa nada. Unos imbéciles se meten en la vida de los demás. No pasa nada. Menos mal que un sobrino viene con su coche y ayuda a unos tíos al borde de la desesperación. La vida y la mañana siguen su curso. Te tengo dentro como dentro llevo la vida. Hay amigos con los que voy a la sierra abulense. Llego a Ávila. Me como unas yemas. La mañana chilla de delitos que hay en ella, delitos en la propia familia que por fin se pueden abordar tranquilamente pues todos saben lo que hicieron y si no lo saben, yo lo digo: coaccionaron, robaron, humillaron. Todo, sin pedir perdón. Es muy difícil pedir perdón porque la vergüenza, que no tienen, no se lo permite.
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