Te sentirás alado andando por la avenida hasta que veas que tu sudor es tuyo y no de nadie más porque el beso que pretendías tanto tiempo no se reflejará en labios prójimos. Querrás ser la carne que roza otra carne y tu piel se conmoverá por la ausencia de ese toque invisible y admirable de otra piel amiga. Cuando llegues a casa nacerás solo para ti, comerás de tu guiso y desearás ante todo otro ser, un ser que tenga brazos y turgencias y recodo y largas piernas para tocarlas y sentirlas como tuyas esta tarde en que todo es febrero, hasta las ganas.
Desear, tocar, sentir.
El verano trae desnudeces a mis ojos.
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