Hoy se llenará la Gran Vía de gente porque la lluvia y el frescor han traído la posibilidad de salir a la calle. El agua que ha caído acumula el dulce hervor de la sangre. El accidente pide calma, las olas se refrenan, el agua de los ríos toman aire. Damos al frenesí ávida ilusión de pasajeros de un barco que avanza. Por las aceras bulle el infantil deseo de ser nosotros y no nuestros fantasmas metidos en casa. Poco a poco, se oye algo por las calles aunque sean las 12 en el reloj. El termómetro da los 15 grados. Se puede vivir. Vivamos. Respiremos el aire fresco que trajo la lluvia. Hoy nos hemos librado del infierno.
Los años contienen un estricto mal en sí mismos
y son malditos al robarnos la dicha.
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