jueves, 19 de junio de 2025

 Cuando voy a Las Rozas a caminar, hay momentos en que me siento muy ligero, a pesar de mi gordura, hay mucha fe en mis pasos que avanzan, es una sensación muy agradable de sentir mi cuerpo como algo plumífero, algo alado, algo presuroso. Y se me ocurre en la cabeza el premio de llegar allí: un descafeinado con leche y con hielo. Y mis pasos resuenan levemente en el suelo. Hace un poco de calor pero el recorrido tiene mucha sombra. Sudo, ando premioso, ando raudo y veloz, veo gente en los colegios, veo gente que se cruza conmigo, veo muros, anuncios de hamburguesas y mi cuerpo me lleva a un destino corto que luego tendrá su vuelta, su regreso, con el mismo andar ligero de la ida.

Andar, caminar por caminar.

Una delicia que no cuesta dinero.

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