lunes, 24 de noviembre de 2025

 Yo, al menos, no tengo que madrugar. Algunas contraprestaciones tenía que tener estar enfermo. No hace mucho, mi enfermedad no era ni tan entendida ni tan tratable como hoy en día. Conozco el caso de un poeta que se llamaba Blas de Otero que sufrió "males del alma", como se decía entonces. Habría pastillas, supongo, pero no tan eficaces como ahora. Ahora hay medicamentos que inciden en las sustancias del cerebro para tenerlas reguladas o consiguen que no haya sinapsis entre las neuronas. Antes no. Antes las personas depresivas o maniáticas o ansiosas o psicóticas se comían el mal rollo de la enfermedad en seco, se podría decir. La gente madruga, odia madrugar quizás, pero que piense que no tiene una enfermedad que incapacita algunas veces para llevar una vida normal.

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