Para eso están las palabras, para escucharlas del otro y, una vez oídas, dar una opinión. Para dar una opinión hacen falta datos, datos que hayas oído aquí y allá. Ahora, con los móviles y el tiempo que los dedicamos, hay muchos datos de los que echar mano. Podemos fabricar una opinión pero la opinión ha de ser nuestra, algo debe de haber nuestro siempre que hablamos, algo que nos defina políticamente pero más importante que políticamente, personalmente. Algo que diga, junto con la opinión, este soy yo y mis principios inalterables. Y también con las palabras se puede pedir, prometer, declarar, exigir, rezar y otras muchas acciones que llevan las palabras dentro. Pidamos cuando estemos en disposición de pedir, no perdamos esa oportunidad. Pero también acatemos las palabras del otro si eso es lo que pide la conversación, si esto es lo que cuadra.
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