Van de caza los halcones. Suben alto, alto y luego se bajan del cielo y dan un golpe certero a la presa. Para cazar primero hay que coger impulso, hay que divisar la paloma. Cazar es como cualquier otra circunstancia que se da en la naturaleza, como beber agua o dar de comer a las crías. Sin caza no hay alimento. Hay que cazar, que ver bien quién es nuestra presa. Luego, sin escrúpulo alguno, alcanzar la yugular y morder y clavar garras. Sobre todo hay que cazar al animal que estorba, que lo va manchando todo, que chulea a la tierra y al cielo. Esas presas son estúpidas. No se dan cuenta de que son presas, pero también caen. Hacen mucho ruido cuando caen porque no se consideran presas pero lo son de un sistema, de un modo de obrar, de un desacertado modo de conducirse.
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