En este año, no ha habido tantos autobuses y furgonetas que hayan recorrido España de cabo a rabo. La gente tiene ganas de conocer paisajes y cosas nuevas. Y de vivir sensaciones agrestes y desconocidas. La gente se mueve en verano, con el buen tiempo. La gente recorre kilómetros para estar en esa playa o en ese pueblo montañés. Yo yazgo en prisión. En la prisión de los días iguales. Pero la gente no. En agosto, este año, la ciudad parecía inhabitada. Debe de ser por los autobuses y furgonetas que cruzan España de cabo a rabo en verano.
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