El dulzor del día parece que viene de otra vida, que apareció en el corazón con mucho sigilo y luego, se hizo grande. La forma de hablar de ese día vino con mucho instinto de palabras. Lo que yo quería era contar algo y lo conté, no sé si acertadamente. El cielo nublado no fue impedimento para plasmar en frases exclamativas el placer de vivir. La escritura es la vida, la palabra ama todo lo que tenga que ver con el cariño del que quiso contar. Y poco a poco una historia pequeña como un dedal fue haciéndose todo lo grande que es el universo de los aconteceres escritos. Para mayor gloria del que lo escribió, para estar a gusto con un oficio hecho de vocablos.
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