lunes, 10 de noviembre de 2025

 Alberti bebe un vino en Sanlúcar. Lorca fuma un cigarrillo en los muelles de Nueva York. Gerardo Diego escribe una metáfora y Jorge Guillén se extasía ante otro mediodía en Valladolid. Eran gentes estas del disfrute de la vida, de captar lo bello en versos sonoros. Iban a los toros, hablaban en las tertulias literarias, se visitaban unos a otros, el ecuestre salto de los significados siempre en la mente.  Y vino la guerra. Y todo se truncó. Unos se tuvieron que marchar. Otros siguieron escribiendo poesía en España: Dámaso Alonso, Aleixandre y Gerardo Diego. El mundo, después de nuestra guerra, se derrumbó en millones de muertos. Vinieron otros poetas, otro son de la palabra, más adusta, más seria quizás.

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