Hoy noto mi cuerpo lento, como tonto. No tengo ganas del paseo matinal hacia la calle, donde me haría con el periódico para leerlo tranquilamente un rato después, avanzada un poco la mañana. No quiero salir a que me dé el aire, así que he abierto la ventana y siento que no hace el frío de ayer. Me he peinado y veo que me hace falta un corte de pelo. Estoy aquí, escribiendo y la vida susurra a mis espaldas unas palabras tranquilas, convidan esas palabras a dejarse llevar por el tiempo lánguido de los minutos que pasan. Me levanto y voy a la cocina y bebo agua, bebo agua como si no hicieran falta más cosas que beber agua.
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