Resulta que me pongo a escribir aquí de política. Y no es lo mío. La calidad de mis escritos ha bajado. Ya no escribo de farolas que se quedan mudas por la mañana ni de aceras solitarias que marcan la agonía de las calles. Escribo de poderes perniciosos, de corrupciones, de ladrones, de jueces. Y no es lo mío. Lo mío es trasladar de la calle la voz de los ciudadanos. Lo mío es contar un atardecer que mata ilusiones y tratar de combatirlo con palabras. No sé yo de gentes que están en el poder. No sé yo de políticos cínicos. Lo mío es contar el cauce del río. Lo mío es asesorar a la gente sobre las mañanas repetitivas, para que hagan el menor daño posible al alma. Yo creo que la vida se desarrolla íntegra en escritos callejeros, en decir qué es la estación de autobuses, en contar que un metro acaba de partir.
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