Fue una sensación extraña que duró como media hora. No enlazaba el orden lógico de los pensamientos sino que todo en su cabeza era confusión. Había que sumar a la impresión que le hizo aquella visita por la mañana, una audición de Youtube de casi media hora; luego, escribir el folio diario de novela. Cuando apagó el ordenador, se dio cuenta de que no podía hilvanar un pensamiento concreto, que se le amontonaban frases inconexas, que no lograba recordar nada lógico. Y lo pasó mal y empezó a preocuparse si ese estado de cosas se extendería en el tiempo. Pero parece que todo se relajó y volvió a pensar correctamente, a hilar el pensamiento. Menos mal.
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