Se me ha acabado el café, se me ha acabado el cigarrillo, se va acabando la mañana para dar paso a la tarde. Nos damos perfecta cuenta de que todo se acaba. Hoy es miércoles que es también el domingo por la tarde. Los días machacones pasan y uno se va gastando por efecto del oxígeno que respira. La vida es una combustión lenta. Nos quemamos por dentro. Ya poco hay que decir de la vida más que, si uno alcanza un logro profesional o de otro tipo, ese logro se gasta en la tenaz rutina y ya todo es un pasar, un hacer lo mismo día tras día. Uno escribe una novela y, al acabarla, da sensación de no tener ningún sentido, de que se ha escrito otro montón de renglones inocuo y prescindible. El que sube muy alto, habrá de bajar. Y el que se ajusta a materialidades, no tendrá espíritu.
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