miércoles, 5 de noviembre de 2025

 A mí me habría gustado que a Federico García Lorca le hubiera gustado Nueva York y se hubiera quedado allí a vivir. Así no le habrían matado. Lorca pasó buena vida con sus amigos Dalí, Buñuel y todos los de la generación del 27. Pero no le gustó Nueva York porque se fijó en los más débiles, en los negros, en los trabajadores, en la celeridad de los días, en el abuso de la fuerza bruta de los hombres. Vaya. Él, que había llevado un vida regalada en España, no supo vivir una vida buena en la gran metrópoli. Con la cultura que hay en Nueva York. Le hubieran dado cancha ya que él era un artista de los pies a la cabeza. Pero, ya digo, se fijó en lo peor, se fijó en los maltratados por el sistema, se fijó en una clase social que no era la suya. Y se vino otra vez a España, donde había muchos tiros desde hacía mucho tiempo.

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