Por la calle van los habitantes de la ciudad y no se dan cuenta de que hay una guerra que dura ya casi tres años. Los ciudadanos pagan más por menos y no saben a qué se debe. Los transeúntes sufren un gobierno corrupto pero no le hacen frente. El mediodía avisa de que el sol está en su cénit y los que matan las aceras no se dan cuenta de ese detalle. Que dimita tu puta madre, dicen todos los imputados de todos los colores y signos. Arrastraba dos lentas soledades: una, la de su cuerpo ya herido y otra, la de su alma, ya rota en mil pedazos. Decía el loro en su jaula: así no se puede vivir. Tengo que salir a la calle y comprar. La mañana anda lenta, como las dos soledades.
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