Solo tú me acompañas, sol amigo. Solo tengo la claridad de la tarde para disfrutar del día. Solo unos pasos inciertos y dormidos traerán algo de felicidad a mi humilde espíritu. Los rezos de las monjas suben al cielo lentamente mientras mi andar se pega a la tierra amiga como el sol, como el sol aliado de mi alma. La luz del astro continúa dando el calor de renacimiento hasta después de comer. Y a eso de las tres en punto surge el camino que me indica el sol, el sol amigo. Quizás hoy el camino no esté hacia el norte sino hacia la capital de toda España, España con mayúscula, España agonizante. La vida siempre está en otra parte cuando el sol es el amigo, el único amigo que da luz a la existencia.
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