lunes, 3 de noviembre de 2025

 Andábamos rodeando las casas nuevas, íbamos todos en fila soñando con el cielo. Nos alertó la guadaña que fue para otros. Vivíamos pendientes de la luna y el sol. Sobrevivíamos absurdamente algunos, con tiempo para la queja y los tensos minutos. El tiempo no pasaba como debería pasar. La alegría era para otros, que guardaban su rebaño y su plato difícil. Escogíamos los días para decir te quiero y luego, ni te quiero ni te dejo de querer. Los ancianos eran tocados por el sol como tardes infinitas y los ancianos hablaban de esto y de lo otro. Yo me amontonaba como un crucifijo en las paredes blancas de una pequeña habitación.

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