Qué amenaza de paz en este alejamiento, qué mañana difusa en el corazón. Las cosas no transitan adecuadas en estas primeras horas. La luz parece desnudar los asuntos del cuerpo, de la salud, de las inmundicias de la carne. Es poco lo que podemos hacer, solo exponer las vergüenzas a los médicos. Los hospitales abren la puerta a una vejez que se oxida. Damos pasos todos juntos a la cadencia del pasado. Las piernas se desmayan ante el suelo. Los ojos expresan pena y esa pena llega a algo que se acaba. Todos nos acabamos con la debilidad de ese ser que marcaba el tiempo como nadie. Habrá que esperar a que las luces del día examinen el latido cansado, las turbias pupilas, el diapasón de los años.
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