Quizás tengan estos escritos una rara virtud que no haya visto yo antes. Quizás valgan para dejarme colgado del cuello de la camisa en una rama de árbol muy viejo y vea desde allí las montañas más cerca, más amistosas, más livianas. Quizás tenga yo en estas líneas la libertad de decir qué me acosa, que me atosiga, que me rompe en dos la cabeza. Había una poetisa que andaba por los caminos de un pueblecito gallego y también tenía un malestar en la frente, algo así como un mal que no se lo quitaba de encima. El otoño que vendrá me encontrará caminando un camino estoico, un camino que me llevará al disfrute de la visión de la vida sencilla como un verso no buscado.
Los escritos dejan constancia
de un gozo o un malestar.
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