¿Qué somos? ¿Por qué nos esforzamos tanto para ser nosotros mismos? ¿Hay que hacer el bien en el mundo? Me hundió en la miseria un tertuliano de las 13:00 horas al decir que da igual ser bueno que malo si luego la palmas igualmente. Por unos días creí eso, que da igual la moral, lo que hagas en el mundo si el mundo te va a dar la misma respuesta: la muerte. Eso no es lo que nos enseñaron los líderes religiosos. No sé qué diría Confucio de esto. Ni el Tao. Pero yo observo que, en la ciudad, los chinos son sacrificados y buenos. El Tao no se ve, no existe y a la vez, existe. El Tao es como un río o un camino. El camino de la bondad exige más fuerza que el de hacer el mal. Y luego, morimos.
La bondad no se engríe, no pasa factura, no se nota.
La maldad hace mucho ruido, no conviene, mata en vida.
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