La noche del viernes al sábado me dio un dolor de tripas a eso de las 6:30. Me tomé un paracetamol y a las 7:30 estaba yo desfilando hasta Las Rozas. El bar estaba abierto y me tomé un descafeinado. Vi cómo un moro daba hachís a otro moro. Los moros están acostumbrados a esa droga por lo que he oído a algunos que estuvieron en la legión o nacieron en Ceuta. No lo veo mal que entre los moros se den a esa droga porque creo que la toman con sabiduría, no como esos que se cogen unos ciegos que no saben ya ni dónde están. Luego fui a ver a los de Colón y hablamos de fútbol, cómo no. Luego, comimos lentejas de las hechas el jueves. Y luego fuimos a Torrelodones. Y yo ya tenía mucho sueño a eso de las 9.
Vas al bar y hay uno que está drogado y da voces:
qué gilipollas.
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