Hoy no tengo ganas de escribir ni de leer. A veces, cuando no tengo ganas de escribir, me salen ganas de leer. Esta vez no. No tengo ganas de ninguna de las dos actividades que me es dado hacer por la mañana. Por eso, me he puesto a oír la radio. Y ha estado bien porque algo he aprendido. No sé qué de una pintora que pintaba unas flores gigantes que contribuían a reducir la ansiedad al mirarlas. Pero nada más. Luego me he cansado hasta de oír la radio y, muy a mi pesar, estoy escribiendo esto. Si supiera conducir, me habría largado a Torrelodones con un libro y quizás lo hubiese leído en la calle, en una terraza de ese municipio, pues a lo mejor, de esa manera, me habría motivado a leerlo. Porque, si estás en Torrelodones, ¿no vemos que no te queda más remedio que leer un libro? Y así, leería pero no en casa, sino fuera, en territorio culto, como me consta que es el vecindario de Torrelodones.
Torrelodones.
Se puede ir en autobús pero me da pereza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario