Comerse el tarro, dar vueltas a las cosas, el run-run. Coge el aire entre las manos y lo agita y se desnuda como una Venus moderna. Aprende de su cuerpo, goza de todo lo que hay a su alrededor, se extiende sobre otros cuerpos con ligereza, como si le fuera la vida en ello. Su vida transcurrirá sobre la piel de otros, sobre el deseo de aliviarse el sexo que le bulle de forma convulsiva. Es ella. La chica que se cambia de vestidura tres veces al día. Sus amantes tienen una geografía muy determinada. Es pija, es amorosa, es espléndida en dar su cuerpo y no piensa. Pensar es de otros. Pensar no le es dado. Viene, va por ahí. En la ciudad, no se la ve apenas. Parece una pupila de una casa de putas. No la veo. No coincido. No sé nada.
Las vidas de los otros nos pueden parecer admirables.
Pero todas las vidas se concentran en un especie de locura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario