Quiero el sabor amargo y puro de la vida y ponerle sal sería la ventura mía. Así como los hombres buscan la felicidad de entre las piedras, así busco yo irme a dormir a gusto cada noche. En épocas pasadas no sabía uno a qué carta quedarse porque todo era guerra: guerra contra el infiel, guerra contra el hereje, guerra contra el conde o guerra contra el rey. Así no se podía dormir a gusto, estaban todos alertas a la voz de lo bélico, del enfrentamiento. Y llega el siglo XXI y todo también es enfrentamiento. También bélico, también dolorosa contienda. Espero que todo se resuelva para siempre, con el bien de las dos partes enfrentadas. Dormimos bien pese a todo.
Guerra:
qué sonido malo de esas erres.
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